Sabes, cuando confundo tu aroma con el café, me sabes a sonrisas, escucho tus sueños, y añoro los años que no estuvimos juntos. Disculpa si tengo la necesidad de recordarte; es que en verdad ni te conozco, ni te he conocido, pero coincido en que te he visto, entre mis poemas te he visto; eres mi encabalgamiento, mi dulce estribillo, la melodía aliterante de mis deseos, resanas los escabrosos ripios de mis palabras, haces que las lágrimas de ayer se conviertan en tus primorosas risas del hoy. Eres, lo que los libros de self-help denominan, perfectamente imperfecta.
