poesía

Zozobra | Poema

Disturbios lejanos al oriente susurran
provocando la ansiedad próxima
parir mentiras a mi mente
y así morir ausente.

y de vivir insuficiente,
mi mente mentiras a parir
próxima de la ansiedad oprobia
juicios orientan a cielos perturbados.

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Edición y Corrección

Prosa poética- Con Diego A. Moreno parte (1)

Aprendiendo la prosa

Prosa poética- Con Diego A. Moreno parte (1)

Les cuento que Keren me prestó un cachito de su espacio para que hablara de escritura con base en mi experiencia.

¡Gracias, compañera! ❤️

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poesía

Pie de página | Poema

Después de ti
no hay nada,
ni antes, ni durante,
porque de lisonjera ilusión
pervives,
pero de perversa polución
por dentro de mi mente
proclive mientes.

Pasaste por bustos,
labios,
y placer,
no obstante, el gozo
nació mundano con
noción al altivo
nauseabundo deseo,
nadando en un mar de dudas.

Naciste de una idea
confusa
y parcial;
fantasma fanfarrón de utilería,
figura especulativa afamada por su voluptuosidad,
fuegos ardiste en mi piel austera
formando surcos estériles ambar,
faltando al amor que de teoría no rebasa.

Clara,
crispada;
suave,
morena,
o de ojos discretos,
por sueños me has hecho viajar
engañado por el hermetismo del deseo
de algo que me ha sido vedado gozar.

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Cuentos, Fantasía, Sátira, Surrealismo

Los placeres del ocio | Cuento (Fantasía, Sátira, Surreal)

Javier Münchin sostenía las cuerdas del planeta Tierra; así las venas reforzadas y músculos tensos. La levedad de su persona le hacía pensar cualquier tontería para dejar de hacer lo que estaba haciendo, e irse a dar la vuelta a otra galaxia, nomás para curiosear entre astros ajenos a su oficina estelar.

Sin embargo, llegó Patricio Omnibús y le dijo que ya sabía lo que estaba pensando, y que no era malo el deseo de irse a las antípodas de este universo inflacionario, pero que si dejaba las cosas a la suerte del azar, pronto los humanos nacerían y del globo se haría un desastre mayor que el de sus ancestros cuando vivían en planos terrestres. Esto lo dejó dubitativo, rascándose la barbilla de vez en cuando, para darse cuenta que lo suyo no era sujetar planetas al antojo de un misterio divino; y le preguntó a Patricio que si qué hacía aquí con él, a lo que su compañero, sonrojado, le contestó parcamente que… él se había fugado de sus tareas astrales.

Esperaba el regaño, pero ambos rieron.

Realmente era aburridísimo pasar toda una eterna existencia tratando de controlar las cosas en el cosmos, como si este de por sí no cargara con suficientes enigmas como volver locos a titanes como a estos.

Javier quiso averiguar del paradero de Atlas Populis, que hace mucho que no lo veía desde el comienzo de su destino; por fortuna, Omnibús le comentó que creyó verlo cerca de Plutón, llorándole por la muerte de dicho planeta. De un chiflido de Münchin, lanzado a millones años luz, Atlas se percató que era llamado por uno de sus colegas y, enjugándose las lágrimas, fue hacia el lugar que era necesitado.

Cuando llegó, se percató que el planeta Tierra estaba desolado y un poco seco; recordó el nombre de Javier, Javier Münchin, y muy molesto gritó a todas las extrañas por la grave falta que tuvo ese pícaro titán. Bajó su cuerpo, hizo fuerza en todas sus partes, y sostuvo así al planeta, esperando que algún día el interpelado volviera a su destino cósmico.

Lamentablemente los humanos ya habían nacido y andaban en túnicas preguntándose que si qué eran y qué había más allá del plano estelar. En eso, Artágoras terminando de expulsar la comida de ayer debajo de un sauce, le decía a su querido amigo Kalamidas que sería lindo conocer a los dioses para entender el propósito de su venida a este mundo. Kalamidas, siempre con pensamientos catastróficos, creó una historia terrible en la que si ellos se atrevían a saborear el raciocinio sobrehumano, tal vez caería una gran maldición sobre ellos, y poco sería vivir una eternidad siendo devorados por un pajarraco vicioso por hígados regenerativos. Artágoras, harto de la petulancia de su amigo, se limpió con una roca y la presentó ante sus ojos: “¿Ves? Esto es lo que opino de los dioses. Si fuimos creados de algún modo por ellos, estoy seguro que fueron unos terribles idiotas porque somos más defectuosos que un asno parlanchín. Por mí que todos se vayan…”, Kalamidas se tapó los oídos y no quiso escuchar más.

Al tiempo se entendieron los filósofos, pensando en que ya era hora de perder miedos y meditar hasta que sus almas trascendieran a otro plano. Y lo hicieron. El problema es que la bebida preparada con hongos fue supuestamente medida al ojo del buen cubero, lo que los llevó tan, tan lejos, que sus cuerpos astrales fueron transportados a un espacio acogedor y poco entendible para los de su especie.

Habían dos figuras proto-humanas que bebían de un vaso oblicuo y exótico, con unas frutas amarillentas que se veían apetitosas para sus vacíos estómagos. Cuando llegaron a ellos, los ahí presentes hablaron en un idioma que no entendieron, sin embargo, les convidaron de sus bebidas y la pasaron muy bien.

De ellos vinieron otros; y otros; y otros más.

Ya entendiéndose entre sus lenguas, se percataron que toda esta nueva y numerosa comunidad tenía propósitos sustanciales desde donde provenían; salvar a sus razas, planetas; crear credos fundamentales; limpiarle las sandalias a Dios; expandir el Universo; y cosas así. Pero las risas no pararon. Al contrario. Ha sido tanto el placer que han tenido, que crearon un lenguaje llamado Felicidad y este constaba de solo hablar de lo bueno que es existir, riendo de alegría en cada frase proferida.

Cuando Dios despertó de una de sus crisis existenciales, se miró al espejo y vio que la barba la tenía muy larga y sus ojeras eran demasiado profundas. Necesitaba un cuidado facial en la prontitud, porque esto se pondría peor. Cuando salió de su paradisiaco aposento, presenció una insensatez: toda su cuadrilla de asistentes y servidumbre se encontraba ausente. Esto lo puso furioso.

¿Cuánto tiempo había estado postrado en la mejor cama de todas? Ni el único querubín que quedaba por ahí lo sabía, ya que intentaba esconder sus maletitas que posaban tras del radio multidimensional en la esquina del hall. Preguntó por uno de sus hijos, al que le causaba placer el sufrimiento, empero, el silencio fue más esclarecedor que aquel pequeño ser rosáceo con alas muy monas.

Oh, ese dolor, ese virus, la pasión por sentirse mal aunque este pesar sea contraproducente. Dios no quiso saber más, vio a sus sandalias sucias y redobló su paso hacia su alcoba, “Que se vaya a la mierda toda la creación, yo me retiro”; y lo volvió a hacer, brinco sobre la cama y cayó despacio, como una pluma, en ella, “Si de mí quieren saber, tendrán que pasar otro millón de años estándar, porque soñaré en los tiempos en que era una bacteria, feliz y desprovista de raciocinio; no necesitaba encontrarme o perderme, ya que lo que se me daba era suficiente y mi necesidad siempre estaba plena… quisiera volver a ser feliz”, y por un momento lo fue: un diminuto ser, invisible, provisto de una energía simple pero constante, sin que las voces de los demonios la perjudicaran cada día, sin que recordara a una tal Rebecca, esa que alguna vez amó con su corazón, y profundamente odió con la cabeza…

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poesía

Rastreador despistado | Poema

Convencí a mis dedos
en hacerte poesía,
y lo que conseguí
fueron gritos internos
pidiendo café y antidepresivos,
para olvidar lo que
alguna vez fue alegría.

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Lucha

Algún lugar en la imaginación

Otra vez me he perdido

en la espesa miasma

de mis extraños pensamientos

el monstruo que nace

en el interior de mis entrañas

intenta destruir la

poca cordura

que me queda

y lo consigue

… casi…

pero lo contengo

y aunque es

un combate

del que nunca saldré

victorioso

por ahora puedo

sentir un poco

de alivio

sin embargo

que volverá

y arremeterá

con todo su poder

y más aún

hasta terminar conmigo

y yo esperaré su llegada

manteniéndome

en pie

sobre piernas

endebles

y espíritu

resquebrajado.

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Verdades por Diego A. Moreno

Este cuentito está lleno de hechos verídicos, tanto que se les hará una petulante redundancia su título.

Y si buscan realismo, aquí lo encontrarán en creces.

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

img_2768Imagen tomada de Pinterest

 

 

Aquella mañana estaba tan linda que Catalina se volvió polvos cósmicos después de comer habichuelas. A su alrededor había una cabaña modesta, pastos verdes, alegres animales de granja, y otros detalles bucólicos que la mantuvieron en una plenitud paradisíaca.

Su mamá, al ver que su hija se revolvió en un remolino de materia desconocida, gritó a todos los santos para que la salvaran, pero, para esto, mientras el santoral católico se encontraba ocupado tratando de crear una alianza temporal con el panteón mexica, ya era tarde para algún arreglo místico, así que, para bien o para mal, esa bella muchacha se había convertido en un fuerza creadora de poder presuntamente infinito.

Así, Catalina cambió su estructura de ADN, formándose en brillantinas espaciales y micro nebulosas que ahora eran su cuerpo.

Poliadora, su madre que alguna vez la engendró, se despidió de ella, deseándole todo…

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Tenebrae lucis | Poema

Hay días en que vivir es tan hermoso.
Y hay días en que todo sabe a café.

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Voraz por Diego A. Moreno

No hay copyrights.

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

IMG_2396Imagen tomada de Pinterest

 

Siete mensajeros salieron del reino para convocar a los aliados por la guerra que se avecinaba. El rey Pomposo, primero de su nombre, se sentía seguro y obstinado, ya que con los números estipulados la victoria fácilmente estaría en sus manos.

Sin embargo, pasaron los días y no obtuvo noticias del país vecino. De la ansiedad, tomó unos panqueques, los rellenó de mermelada de melocotón y cremas agridulces. Subió dos kilos, en beneficio de su ya avanzado sobrepeso.

De los días vinieron las semanas de silencio diplomático. El canciller fue convocado y se le cuestionó si algo estaba saliendo mal, porque el tiempo apremiaba y la matanza no esperaba para reclamar la sangre prometida. El rey quería saber si había eligido bien y si no era necesario enviar a otros mensajeros, de lo que el canciller lo tranquilizó asegurándole que estas fueron seleccionadas por ser…

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Úsese cubrebocas por Diego A. Moreno

Coman chillis.

MasticadoresMéxico Editor: Edgardo Villarreal

Cans-of-ChiliImagen tomada de la red

 

 

El inmortal Joe pasó dos milenios esperando a que volviera el nuevo profeta de la era de la información; pero, un día cualquiera, fue al supermercado a comprar un chilli enlatado, ese que tanto le gustaba, sin saber que Julio Martínez, un dipsómano recién enviudado, no había tomado las medidas sanitarias pertinentes, y que se paseó, falto de cubre bocas y de higiene, junto con el virus, por los pasillos del complejo, infectando uno a uno de los compradores; hasta llegar a Joe, que pensativo analizaba si comprar esa comida picante de una u otra marca.

Tras unos días, el inmortal Joe cayó en cuenta que una tos lo dejaba sin consuelo, ya que era seca y muy molesta. Todavía a la espera del mesías, no le importó que un simple resfriado lo acongojara. Horas después, hospitalizado, recordando con soberbia cómo sobrevivió a…

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