Este dragón ruge adentro, ahí, y no es mi amigo ni mi enemigo, sólo quema, ahuyenta, destruye, soterra mis deseos y anhelos, incinera mis ideas, deja sonámbulos a mis sueños. Me tiene aterrado, incluso amordazado, no me permite salir ni estar adentro; ¡no vivo, no respiro! Con miedo de que su ígneo espíritu no me deje dormir por las noches, que con uno de sus candentes suspiros me vuelva ese niño amedrentado que fui [que soy] y me deje ahí, en nada, para nada... Como un bastardo que no saboreará la gloria. Mientras otros vuelan con ángeles, comen perdices, tótems de animales los cuidan o les infunden extraordinarias habilidades... Se promulgan como los nuevos soberanos reyes del capitalismo. Y yo, aquí, me tocó vivir con este majestuoso reptil, rey del caos, regente de todos mis tesoros, no me deja apreciar ni saborear nada, por eso le doy tributo con tazas de café auto-satisfacciones sudor dolor comida en exceso procrastinación series basura tiempos en destiempos pastillas de la anti-tristeza la pared que nunca dice nada o vídeos de gatitos que nunca acaban.
