Pausas | Cuento (Absurdo)

Después de tanto tiempo sin escribir a diario, su cabeza se volvió de plomo y sus dedos de goma resbaladiza; las palabras fluían como una tempestad de equívocos que no tenían un inicio, ni un desable fin; las vocales se perdían en hoyos accidentales y las consonantes rompían los vidros de algunos automóviles; y por…

Ben y En (segunda sesamificación) | Cuento (Absurdo, Drama)

Murmullos, murmullos. Una nota mal escrita, una docena de trabajadores nerviosos por la tardanza de la producción. Pero ya van. Listos. Cámara, luces: Acción. —¡Hey, Beto! ¿Qué haces? —No me chingues, Enrique… —Pero si te veo muy caidito, muy taciturno. —Enrique… no me chingues. Dos estudiantes, uno bajo, otro alto, caminan por un extenso boulevard de la metrópolis…

Olvídalo (segunda edición) | Cuento (Absurdo, Fantasía, Humor)

Miau, miau. Miau. Es de noche, Esteban despierta y su espalda siente varios objetos acolchonados, pero malolientes; se trata de un pantagruélico acumulamiento de bolsas de basura, y gatos salvajes, seres que ronronean alrededor de él. Intenta ver sus manos y no puede. No hay luz que las ilumine. Consternado, solamente recuerda que, en vez…

De cotorras y cotorreos (segunda edición) | Cuento (Absurdo, Fantasía)

La usanza de la palabra «cotorrear» varía entre ser un «cotorro» y el «cotorreo»; de la primera podemos decir que es la inclusión adjetiva hace que un sujeto se convierta en una persona relativamente solitaria en cuestiones románticas; la otra, la verbal, proviene de la jerigonza mexicana cuando un círculo de amistades se junta para…

Bombas altruistas (segunda edición) | Cuento (Absurdo)

I Un bonito día, Ramiro se cansó de leer tantas noticias tristes. Se levantó de la silla y sus pies se dirigieron hacia fuera de su casa. Llegó al edificio de un periódico internacional, tomó aire, y con sigilo se instaló ilegalmente en su sistema de información. Se dejó llevar entre las teclas del ordenador…

La puertaventana (segunda edición) | Cuento (Absurdo, Humor, Terror)

En el humilde comedor, junto a la estancia, estaba ese conjunto bifurcado de viñetas y cristales, dando la vista al misterioso exterior. Dora, la primera en despertar, movió sus piernas hacia aquel lugar. Un sol naciente, dos promontorios pedregosos que lo acompañaban allá, a lo lejos… Abrió aquel pequeño portal porque parecía ser la hora…