Bombas altruistas (segunda edición) | Cuento (Absurdo)

I

Un bonito día, Ramiro se cansó de leer tantas noticias tristes.

Se levantó de la silla y sus pies se dirigieron hacia fuera de su casa. Llegó al edificio de un periódico internacional, tomó aire, y con sigilo se instaló ilegalmente en su sistema de información. Se dejó llevar entre las teclas del ordenador por las ocho de la mañana hasta la medianoche, sin pausa, y escribió noticias bonitas, maravillosas, alegres y esotéricas. Todas ficcionales.

Por fin, al haber terminado de escribir cuantiosas buenas nuevas, pirateó la base de datos, publicó cada una de las notas, que él creó, en múltiples redes con sus respectivas cuentas anónimas.

Se sintió altruista y fue feliz.

Al día siguiente, el mundo entero se sintió consternado al mirar tantas cosas buenas que pasaban por sus vidas. Algo andaba mal. El escepticismo rondó como epidemia y los nihilistas se subieron a anfiteatros para declarar que todo eran mentiras, que la vida era un vacío eterno.

Después, los profetas resurgieron y dieron malos augurios.

Se erigieron nuevas banderas y empezaron nuevas guerras.

Todo en menos de veinticuatro horas.

Alguien, personaje anónimo, un poco consternado por la exhaustiva jornada laboral como oficinista, reflexionó muy bien lo acontecido, y se preguntó a sí mismo:

—¿Qué pasó con las fotografías de los niños desnutridos y las personas mutiladas? ¿Dónde están los políticos demócratas o republicanos que aconsejan invadir a naciones rebeldes?

II

Ramiro dormía tranquilamente cuando una bomba cayó en su tejado.

Cuento editado y revisado por Edgardo Villarreal, su blog es Algún lugar en la imaginación.

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