Tiempo nebuloso | Cuento (Ciencia ficción, Fantasía)

La neblina lo ocupó todo, pero antes, los dragones volaban por los cielos, y los caballeros contaban con magos que eran sus guardianes, así como enemigos los monstruos que siempre relataron los cuentos de hadas.

En aquellos tiempos, austeros de la tecnología, sombría aliada de la bruma, los héroes deambulaban por la tierra, disfrutando de aventuras que ahora escritores narran como entelequias literarias; sin embargo, esos seres superiores en espíritu se batían con gigantes colosales y ejércitos de un mal innato, que ahora, entre humanos, se encuentra el terror más nefasto que el anterior.

Así, un día lejano, muy lejano, cuando todavía no se pensaba en un mesías que fuera el parteaguas de teleología cristiana, Sanders y Perilio encontraron la pieza más preciada de todas: la última arma mágica que un viajero del tiempo pudo transportar, antes de que la niebla consumiera la exigua magia que quedó en un futuro; el libro de las maravillas.

Todavía anterior a este relato, el tiempo era una medida absurda para algunos que se transportaban sin necesidad de envejecer o desentenderse con las mediciones temporales; no, porque aquellos eran los dioses mismos, semejantes a los humanos de la posteridad paradigmática que infundió Tempus, para enclaustrar a las divinidades que antes organizaban la realidad que les competía su zona cósmica.

El cerebro era la clave, una vía astronómica que fundaba universos infinitos que pervivían en una autopoiesis de constante transformación, así también fungiendo caos para solventarlos en orden; y orden que caía en caos, para mantener un bucle orgánico que diera cada sentido a las vidas que se produjeran.

La duración de esta etapa no ha acabado, pero sí hay un bloqueo casi imposible de romper hasta nuestra fecha; ya que los dioses tuvieron sus quehaceres de reproducción, mística o carnal, de ahí surgieron seres poderosos, algunos iguales a sus progenitores, que pasaron sus vidas como el proletariado de aquellos que fundaron estas realidades; pero, como todo, las rebeliones surgen, incluyendo las muertes y diásporas de ganadores y perdedores.

En una guerra cruenta, liderada por Tempus, el genio más carismático y seductor de todos los hijos de los divinos, se formaron las huestes de los tempistas, los pre-humanos que viajan por el tiempo, aquella barrera intransitable, donde, por sacrificio o locura, gobernarían las realidades que los dioses ya no podrían incurrir, propagando nuevas formas de hacer vida, asimismo transformar sus realidades, en peores o mejores tiranías.

Si ustedes creyeron que los romanos fueron un imperio que acabó con la insurrección cristiana, están equivocados, al menos parcialmente, ya que en otra realidad, algún tempista llegó a aguas itálicas hablando de un nuevo mundo, más allá de su continente; y la Nueva Roma nació por medio de una alianza con los tenochcas de lo que pudo ser una América, y ahora es Eneídas; o qué tal Yugoslavia, extinguida por las guerras y coyunturas geopolíticas, ahora podría ser de las naciones más prolíficas, líder tanto de la Europa Occidental y Oriental.

 

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