Diez hombres se apostaron en la costa de tierras desconocidas.
El capitán, un genovés peculiar, excéntrico para algunos de los marineros, toma la misión de dar unos pasos hacia lo que parecían ser humanos, como ellos, pero más morenos, más bajos.
Un extraño perro los acompañaba.
Y de su elegante italiano quiso dar los buenos días, presentarse, hablar de que los marineros en verdad eran piratas, ladrones y violadores, pero en vez de eso, el can sin pelos y de cuero plomizo, le dijo:
—Ahorita no, joven.