Si yo me la llevara pensando en esto, dejaría de escribir. De hecho, ya lo he sufrido. Compadézcanme si quieren, porque yo no me compadezco.
Así es.
Y bueno, ¿por qué será que escribimos? Digo, pongamos la escritura como un medio de expulsión de energías, negativas, positivas o neutras, la cuestión es sacar eso que nos abruma la psique -o incluso nos genera diabetes, resfriados, paperas, y otras enfermedades-, sea porque son materia que debe de salir como la orina o la caca; sí sí, empujar eso de algún modo estético o -no se enojen- vulgar, de este modo nos sentimos “satisfechos”, cercanos a un orgasmo neuronal que estimula a nuestras hormonas, da descanso a ciertos piensamientos, mientras a otros, perros endemoniados, los excitamos para que en un futuro nos inviten a volvernos locos otra vez.
En otras palabras: la escritura, junto a otros medios de expresión humana, es un medio terapéutico tanto para el escritor como al lector, y tal vez también para un posible dios o demonio, curándonos de ese mal, de esa soledad que día a día enarbola nuestra espina dorsal, conjurando calosfríos que no nos dejarán en paz hasta que digamos lo que tengamos que decir.
Claro, pónganle que escribimos para informar, deleitar, detallar, desinformar o provocar vómito a ciertos mortales, pero por lo pronto me llegó este pensamiento y se los comparto. O bueno, creo que me lo comparto a mí mismo.
Por hoy ya me desahogué.
¡No compreendo las personas que non escriben! Es la mejor manera de poner la cabeza en orden
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Pues, hay maneras de expresarse, unas más complicadas que otras, pero el humano tiende a la simplicidad, por eso todo quiere que sea rápido, fast, de inmediato, y si es posible EXTREMO.
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